publicado por Gustavo Adolfo Ordoño el
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| Unamuno saliendo de la Universidad de Salamanca increpado por extremistas |
Era una ocasión para que Unamuno se integrase en la nueva elite social que tras el golpe de Estado de julio de 1936 dominaba la España "nacional". Se celebraba el 12 de octubre como 'Día de la Raza', convirtiendo la tradicional fiesta de la Hispanidad, el día que Colón se encontró con América en su viaje búsqueda de otra ruta al Este, en una exaltación nacionalista de lo español. Las principales personalidades del naciente Régimen franquista quisieron celebrarlo con un acto cultural en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, aprovechando la apertura oficial del curso universitario; menos Franco, estaban todos, su mujer incluida. Don Miguel de Unamuno se mordía la lengua, se prometió no intervenir, no hablar. Había acudido sin muchas ganas, pues llevaba semanas rectificando su inicial apoyo a los golpistas y convencido de que la deriva de ese movimiento conservador contra la República ya solamente traería intolerancia, muerte y destrucción.
El profesor de griego, el rector por excelencia de Salamanca, saltó cuando no pudo más. Un anodino profesor de literatura, especialista en el Siglo de Oro, Francisco Maldonado, acababa de pronunciar un encendido y claramente fascista discurso, donde atacó con virulencia a catalanes y vascos, considerando a estas regiones como "cánceres en el cuerpo de la nación. El fascismo, que es el sanador de España, sabrá como exterminarlas, cortando en la carne viva, como un decidido cirujano libre de falsos sentimentalismos". Esas palabras de Maldonado estuvieron acompañadas de las arengas del fundador de la legión española, el general Millán Astray. Cuanto más violento se volvía el discurso de Maldonado más fuertes eran las salvas de Millán:
¡España!... gritaba Millán Astray; el público contestaba: ¡¡UNA!!
¡ESPAÑA!... elevaba la voz el tuerto general; el público replicaba: ¡¡GRANDE!!
¡¡ESPAÑAAA!!... desencajaba la mandíbula el legionario a pecho descubierto; el público se excitaba: ¡¡¡LIBRE!!!
Don Miguel se levantó, casi como un resorte (la edad, imagino le impidió mayor energía) y comenzó un improvisado y hermoso discurso que ha acabado siendo más célebre que su obra literaria y filosófica.... lo que habla mucho del nivel cultural hispano. No está de más conocer ese incidente, pero de paso se podría profundizar en el hombre que mejor representaría el sentir de una cultura, la hispana, que es universal... no imperial. Y eso que como hizo ver al auditorio del paraninfo salmantino, él era vasco, a mucha honra, y el obispo de la ciudad era catalán, mal que le pesase al mismo prelado.
La “reprimenda” a los cegados por el odio fascista merece ser reproducida, sobre todo cuando llama inválido obsesionado con rodearse de muerte y más mutilados a Millán Astray. La reproducción está sacada del libro sobre la Guerra Civil del hispanista británico (más imparcialidad, pues en España no la existe aún sobre el incidente) Hugh Thomas:
“[...] sabéis que soy incapaz de permanecer en silencio. A veces, quedarse callado equivale a mentir, porque el silencio puede ser interpretado como aquiescencia. Quiero hacer algunos comentarios al discurso -por llamarlo de algún modo- del profesor Maldonado, que se encuentra entre nosotros. Se ha hablado aquí de guerra internacional en defensa de la civilización cristiana; yo mismo lo hice otras veces. Pero no, la nuestra es sólo una guerra incivil. Vencer no es convencer, y hay que convencer, sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión. Dejaré de lado la ofensa personal que supone su repentina explosión contra vascos y catalanes llamándolos anti-España; pues bien, con la misma razón pueden ellos decir lo mismo. El señor obispo lo quiera o no lo quiera, es catalán, nacido en Barcelona, y aquí está para enseñar la doctrina cristiana que no queréis conocer. Yo mismo, como sabéis, nací en Bilbao y llevo toda mi vida enseñando la lengua española...”
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| Don Miguel de Unamuno |
Cuenta Thomas que más o menos en ese momento del discurso de Unamuno, Millán Astray entra en estado de cólera absoluta, pronunciando ¡Vivas! a España e insultando a la intelectualidad (con el supuesto "¡Muera la Inteligencia!"), sus escoltas y otros legionarios presentes lanzan a las sabias paredes de la universidad el lema atroz de la legión: ¡Viva la Muerte! Millán pide hablar, repite voz en grito las palabras del profesor Maldonado sobre Cataluña y Euskadi como cánceres de España... Sin inmutarse, a pesar de la crispación del momento, Unamuno continua hablando:
“Acabo de oír el necrófilo e insensato grito "¡Viva la muerte!". Esto me suena lo mismo que "¡Muera la vida!". Y yo, que he pasado mi vida componiendo paradojas que excitaban la ira de algunos que no las comprendían he de deciros, como experto en la materia, que esta ridícula paradoja me parece repelente. Como ha sido proclamada en homenaje al último orador, entiendo que va dirigida a él, si bien de una forma excesiva y tortuosa, como testimonio de que él mismo es un símbolo de la muerte. El general Millán-Astray es un inválido. No es preciso que digamos esto con un tono más bajo. Es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero los extremos no sirven como norma. Desgraciadamente en España hay actualmente demasiados mutilados. Y, si Dios no nos ayuda, pronto habrá muchísimos más. Me atormenta el pensar que el general Millán-Astray pudiera dictar las normas de la psicología de las masas. Un mutilado que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, que era un hombre, no un superhombre, viril y completo a pesar de sus mutilaciones, un inválido, como he dicho, que no tenga esta superioridad de espíritu es de esperar que encuentre un terrible alivio viendo cómo se multiplican los mutilados a su alrededor. El general Millán Astray desea crear una España nueva, creación negativa sin duda, según su propia imagen. Y por eso quisiera una España mutilada (...)”
Es cuando Millán hace el primer amago de amenazar con su arma al filósofo, pero el sabio anciano no se acobarda y sigue: “(...) Éste es el templo de la inteligencia, y yo soy su sumo sacerdote! Vosotros estáis profanando su sagrado recinto. Yo siempre he sido, diga lo que diga el proverbio, un profeta en mi propio país. Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis, porque para convencer hay que persuadir. Y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil el pediros que penséis en España. He dicho.”
La tensión era tal que cuentan muchos de los asistentes que si no hubiese sido por Carmen Polo, la mujer de Franco, el general legionario hubiera partido la cara al intelectual allí mismo o, más dramático aún, descerrajado su pistola en el enjuto cuerpo de don Miguel de Unamuno. Lo que es cierto es que Unamuno, como demuestra la foto, salió a empujones y rodeado de encolerizados exaltados que enarbolando el saludo fascista no dejaban de gritar: ¡Viva la Muerte! ¡Mueran los intelectuales!
También es cierto que el incidente fue como un disparo al corazón; así lo relató a su entorno más cercano. Quedó relegado de su cargo de rector y confinado en su domicilio. Miguel de Unamuno, moriría dos meses y medio después, el 31 de diciembre de 1936.
Gustavo Adolfo Ordoño ©



El 12 de octubre como Día de la Raza o Día de la Hispanidad no fue establecido por primera vez en España, sino en la Argentina. Fue a partir del 12 de octubre de 1917 y la iniciativa vino del Presidente argentino Hipólito Yrigoyen. Yrigoyen murió en 1933, antes de que tuviera lugar este episodio.
Hay que destacar también que para Unamuno lo hispano incluía América, Sefarad o Filipinas, aparte de Cataluña y el País Vasco, él era vasco pero defendía 'lo vasco universal', que según encarnaba, por ejemplo, Simón Bolívar. Hacia 1900, Unamuno intercambió centenares de cartas con intelectuales latinoamericanos con la finalidad de reflexionar sobre lo hispano universal, de manera que puede decirse que esta construcción de lo hispano fue compartida, es decir que España no tuvo la iniciativa exclusiva, sino que fue una iniciativa compartida.
Por otro lado, ni Unamuno ni otros intelectuales que le eran afines usaban el término raza en sentido antropo-zoológico como sí se hacía en los países anglófonos o germano hablantes. Decía que raza, en castellano, es una palabra del mismo origen que raya, y significa línea o linaje, donde lo humano y cultural se impone ante lo biológico.
Lo más importante de todo, me parece, es que hacia los años 1900-1930, tanto en España como en América, se estaba elaborando un sentimiento de identidad compartida, que era justamente, la Hispanidad. Fue el historiador uruguayo Felipe Ferreiro quien llevó el tema al plano académico en 1933, es decir, años antes de este episodio.
Ahora bien, el franquismo interrumpió este proceso, justamente porque, al estar influido por corrientes europeas, no lo entendía, no entendía el aporte americano.
Lo peor de todo es que hay gente que cree que a todo lo que gira en torno a la Hispanidad lo inventó el franquismo, y esa gente está en España.
El incidente demuestra hasta qué punto estas ideas no tenían nada que ver con el franquismo que no hizo ningún esfuerzo por entenderlas y en cambio las manipuló, tergiversó, y finalmente hasta les hizo mala prensa porque las desprestigió. Es más: desprestigió a Unamuno, que nada tenía que ver. Gente con conocimientos superficiales de historia de España y América sigue creyendo que la Hispanidad es un concepto franquista o falangista.
Parece necesario y urgente que España retome el hilo de la discusión donde lo dejó Unamuno por el bien de la evolución humana y de la civilización.
En lo que se refiere al golpe de Estado, se podría decir lo mismo. Estaba tan embebido de la forma de pensar hispano-americana, que razonó igual que se hace en América. Esperaba que los militares tomaran el poder para normalizar la República; que de esos militares surgiera luego un General providencial que, convirtiéndose luego en caudillo popular, salvara la República, -que en Europa este sería el caso de Napoleón Bonaparte luego del 18 Brumario-; y finalmente, esperaba que ese caudillo popular de origen militar, consagrara la independencia del país y lo impulsara a una nueva era de felicidad, de prosperidad, de desarrollo. Había ocurrido algo así con Miguel Primo de Rivera y su dictadura, entre 1923 y 1930. Pensaría que iba a repetirse mejorada. No imaginó o no quiso creer que para 1930-1940 toda Europa, incluida España iba a volverse fascista.
Pero mientras Europa se volvía fascista -y hoy prosperan algunos grupos fascistas en Europa del Este, por la situación social allí- América Latina desarrollaba un esquema evolutivo propio, que es el populismo. En los años 1930-1940, era el peronismo, el cardenismo, el varguismo de Perón, de Lázaro Cárdenas en México, de Getulio Vargas en Brasil. Algunos consideran que esta modalidad representa una forma de neofascismo, y no hay duda de que Vargas era fascista y de que Perón admiraba a Mussolini y se reunía en España con los falangistas.
Pero siempre está eso de que Lázaro Cárdenas venía de la Revolución Mexicana, que era liberal, popular y democrática. Siempre está el hecho de que el populismo tiene una fuerte vertiente liberal-democrática, que le dio origen. Después también está el hecho de que el populismo tuvo la capacidad de 'mestizarse' con el marxismo, y eso nos da el neopopulismo de los año 1960. Se podría decir que el populismo es ideológicamente híbrido, pero esto sería vaciarlo de contenido ideológico, que lo tiene y mucho.
Con todo esto me refiero a que Unamuno estaba en un punto que es muy poco frecuente en Europa, pero es muy recurrente en América Latina, que es la existencia de un pensamiento en principio híbrido, donde pueden coexistir componentes ideológicos en principio contradictorios, como lo son el fascismo, el liberalismo y el marxismo. A esto en realidad, Unamuno y los intelectuales hispanoamericanos de aquella época lo llamaban 'independencia de criterio'. Está claro que el grueso del pensamiento de Unamuno era de tipo liberal-democrático. Y también está claro que el grueso del pensamiento de Franco era fascista. Por eso chocaron aquel día.
El error está en creer que ideas como 'hispanidad' o 'caudillo', que Unamuno desarrolló, y que son ideológicamente ambiguas, puedan ser ideas exclusivamente fascistas. No son fascistas o franquistas, son hispanoamericanas, fueron creadas en el transcurso de los siglos XIX y XX en Hispanoamérica.
En cambio, entre nosotros, el fascismo o franquismo se define como una forma de hacer política donde el gran capital se impone a través de la violencia, cualquiera sea su vocabulario político.
Gracias por el espacio.
Sí que es un error identificar ideas que hablan de culturas universales, de conceptos de civilización, con el lenguaje y la estética fascista; en eso coincidimos.
Un abrazo y gracias, de nuevo, por tus comentarios...
'Peruanismo' es la ilusión de los intelectuales liberales o de izquierda de que un golpe de Estado militar puede dar paso a una revolución democrática. Decimos 'peruanismo' en memoria del General Velasco Alvarado, quien dio un golpe de Estado en 1968 en el Perú con la finalidad de impulsar una serie de reformas, que coincidían con lo que en los años 1960 era el programa de la izquierda en América Latina. De manera que en 1973, en Uruguay, hasta el Partido Comunista apoyó el golpe de Estado, pensando que lo daban 'militares peruanistas'.
Muchos de los adversarios del chavismo en Venezuela son, en realidad, antivelasquistas o antiperuanistas. Además, el peruanismo puede expresarse como admiración por un grupo guerrillero que, mediante un golpe audaz, abre paso luego, supuestamente, a una revolución socialista. En este caso lo que tenemos es castrismo. Y el chavismo combina velasquismo y castrismo.
Ya ves que la cosa es muy compleja. Quiere decir que la reacción del antichavismo va en la misma dirección: es antiperuanista y anticastrista con la misma intensidad que el chavismo es peruanista y castrista. Pero entonces, lo curioso, es que no logra superar la contradicción. Pues para enfrentar a sus adversarios también el antiperuanismo reclama la figura de un General, solo que... en las antípodas ideológicas de Velasco Alvarado. No logra liberarse de la figura del caudillo militar como salvador de la patria.
Nada más actual en el debate (¡y qué debate!) entre la derecha y la izquierda latinoamericana, sobre todo a partir de la polémica que ha provocado un artículo de Rafael Poleo, publicado en El Nuevo País. Resulta que en 1962, un grupo pro-castrista, trató de realizar en Venezuela, un desembarco como el de Fidel Castro en Cuba. El entonces Presidente Rómulo Betancourt denunció el hecho en la OEA, y rompió relaciones diplomáticas con Cuba, alineándose completamente con EEUU, como también hacían otros gobiernos democráticos y progresistas de la región. (No puede decirse que Rómulo Betancourt no fuera un hombre de centro-izquierda).
La paradoja es el comentario que de este hecho hace Rafael Poleo, quien a su vez, cita a Rómulo Betancourt:
''En una reunión de la Internacional Socialista, realizada en Caracas, en 1975, Betancourt dijo que no siempre los militares asumen el poder por ambición y codicia, sino que muchas veces lo recogen del arroyo donde los políticos lo dejaron caer [...] Cuando Betancourt murió, los bravos generales que bajo su mando derrotaron la intervención ruso-cubana en Venezuela, pidieron permiso para vestir su viejo uniforme'',etc.
Rafael Poleo se muestra como un adversario del velasquismo chavista, pero no de los militares venezolanos de 1960 ni de los militares argentinos de 1976, al contrario. Y no está de más recordar que el demócrata Rómulo Betancourt también participó junto con un grupo de militares en el golpe de Estado de 1945, del cual surgió un gobierno que él presidió...
Más allá de que ninguna de estas cosas haya ocurrido en España, hay un trasfondo histórico común en esa historia de pronunciamientos militares, unos liberales, otros conservadores, el último fascista (o penúltimo, porque luego hubo un intento, en 1982, en España). Historia de pronunciamientos militares españoles que empieza con un señor llamado Francisco Javier de Elío, nada menos que nuestro Elío, el gobernador de Montevideo. Y es el ex-gobernador de Montevideo, en Uruguay, el que dio el primer golpe de Estado en España, en 1814, el de Fernando VII.
No sería fácil para Unamuno, discernir lo que todavía no está claro en nuestro propio tiempo... cuando no ha estado claro a lo largo de todo el siglo XX.
En efecto, Unamuno pensó (y deseó) que los militares del golpe del 36 traerían una regeneración política y un renacer de valores vitales para un país y una sociedad que estaba inmersa en un caos y tensión política en el parlamento republicano (el único auténticamente democrático hasta entonces en la historia de España, lo de Primo de Rivera no cuenta como tal); quizá su alma decimonónica (en el fondo era un hombre a caballo entre el XIX y el XX) le recordó al general Riego y su pronunciamiento liberal de 1820, pero su fallo de perspectiva histórica fue notorio pues ganan por goleada los incontables pronunciamientos militares del XIX en la península (ibérica) con los que el ejército español solamente trae, mantiene o impone los valores conservadores del Antiguo Régimen, los de: "Dios (la Iglesia), Patria (ellos mismos y los nobles-pater o dueños de las tierras) y Rey (la Corona y su patrimonio, por ejemplo, América).
Así que, a diferencia de nuestros hermanos vecinos ibéricos, que con la revolución militar de "los Claveles" del 74 sí que trajeron la democracia, en nuestro caso hasta el del 23 de Febrero de 1981 (imagino que te referías a ese golpe cuando hablas de 1982) era para traer esos valores ultraconservadores; en 1936 pretendían lo mismo y si Unamuno se dio cuenta tarde (pero se la dio y rectificó) es porque estaba (y eso que era rector de Salamanca) mal informado, desconocía la verdadera calaña de los protagonistas del golpe militar. En resumen, mejor no hablarle a un español democrático de golpes militares desde ninguna perspectiva comparada o buscando semejanzas históricas..(sobre todo porque el de Riego quedaba ya lejos -más de 100 años- hasta para los que vivieron la experiencia de la II República en 1931).
Saludos y gracias por tus comentarios...
Sobre la actitud del Partido Comunista de Uruguay, en el mes de febrero de 1973 (el golpe militar fue en junio), consistió en el apoyo a los comunicados 4 y 7 del Ejército y la Fuerza Aérea, donde los militares planteaban su programa político. También en este caso el PCU se dio cuenta de los propósitos de los militares, y entre el 27 de junio y el 11 de julio de 1973 participó en la organización de la huelga general que convocó la Central Obrera para detener el golpe de Estado. Enfrentó heroicamente el golpe de Estado y tuvo decenas de desaparecidos.
Inevitable la comparación con Unamuno. A quien le interese el tema, 'Comunicados 4 y 7. Treinta años después' de Santiago Tricánico, y 'Comunicados 4 y 7, la tentación peruanista de la izquierda', de Alberto Cabrera.
Sobre el artículo de Rafael Poleo en estos días, reivindica la figura del dictador Videla, recientemente fallecido.
Claro está que lo que hay que defender es la democracia y la cultura democrática, en definitiva la capacidad de convivencia y escucha en todos los órdenes de la vida, y entre ellos, la política. Y la creencia en el providencialismo de los caudillos militares, es una huida del problema. Pero ¿será verdad que España ha logrado superarlo, y en consecuencia, se diferencia totalmente de América Latina? ¿No sigue gobernando a España el fantasma de un caudillo militar de alguna manera?
Me refiero a ese mantra que aplica a los políticos en general los males que acaecen al país. En otros "españoles", aunque no es un término que seguramente acepten de buen grado a quienes me refiero, las culpas también son exteriores, la culpa es de Madrid, de la España opresora, y la solución es la independencia. Tanto unos como otros obvian un elemento crucial, que la política brota de la sociedad, y por tanto los políticos son síntomas de una enfermedad de la sociedad civil, no un virus contraído que nos amarga la vida.
No se si la tendencia reciente de nuevas formaciones políticas alternativas, muchas de ellas surgidas como agrupaciones populares, es un cambio de rumbo hacia una toma decidida de las responsabilidades democráticas por parte del pueblo, o si se trata, como comenta Mónica, de un fenómeno evolucionado de providencialismo caudillista, no confiado a un militar, ni a una persona, sino a un movimiento heterogéneo de nuevos políticos que vendrán a salvar la patria, quedando la sociedad expurgada de unos pecados que no reconoce como propios, ya que los personifica en la vieja política, y, cuando esta sea depurada, los problemas desaparecerán, cosa que, evidentemente, no puede ser así de fácil.
He publicado su comentario porque tengo por gala la pluralidad de opiniones, pero ese artículo que adjunta es sólo la defensa a ultranza a su fundador de la Hermandad de legionarios, algo que evidencia la parcialidad del contenido.
Gracias por, imagino, la lectura de mi post...
http://gaceta.es/noticias/mentira-enfrentamiento-unamuno-millan-astray-salamanca-24022017-1747