EPSÍADES. ¡Ay , ay, Zeus soberano!, ¡qué larga es la noche! Es interminable. ¿Nunca se hará de día? La verdad es que he oído hace un rato cantar al gallo, pero los esclavos aún están roncando. Antes no hubiera pasado esto. ¡Maldita seas, guerra, maldita por tantas y tantas cosas, cuando ya ni siquiera puedo castigar a los esclavos! Tampoco el chico este se despierta en toda la noche. ¡Mira cómo se tira pedos bien envuelto con cinco mantas! En fin, si os parece, vamos a roncar bien tapados. acuesta y se tapa.) (Se Nada, no puedo dormir, ¡pobre de mí!, mordido como estoy por los gastos, los pesebres y las deudas, por culpa de este hijo. Él, con su pelo largo, monta, guía el carro y sueña, todo con caballos. En cambio yo estoy hecho polvo cuando veo que la luna me trae otra vez el día veinte del mes, pues los intereses se acumulan. (Hacia la casa.) Chico, coge el candil y saca los apuntes de mis cuentas, para que mire a quién le ...
Será que desconfío. Será que ya todo en mi seguridad.
Cuando estudiaba confianza y su opuesta la confianza, leía a Aristófanes, así lo leo y, tras leer recuerdo que hacía cosas con seguridad (CA, sic)
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