sábado, 24 de noviembre de 2018

El intento de agresión en el Congreso por no gritar un «¡viva la República!» que anticipó la Guerra Civil


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El que fuera presidente del Congreso en marzo de 1936, Ramón de Carranza, en una imagen de un año antes - ABC

El intento de agresión en el Congreso por no gritar un «¡viva la República!» que anticipó la Guerra Civil

El episodio protagonizado el 16 marzo de 1936 por un diputado socialista contra el presidente de la Cámara era el reflejo de la creciente tensión de la Segunda República


MadridActualizado:
El espectáculo que provocó este miércoles la expulsión del Congreso de los Diputados del portavoz adjunto de ERC,Gabriel Rufián, nos ha llevado a bucear en la hemeroteca de ABC, para encontrar el que puede ser el incidente más grave y bochornoso de cuantos se han vivido en las Cortes a lo largo de la historia de España. Tuvo lugar el 16 de marzo de 1936, en la sesión de apertura tras las elecciones generales de febrero, tan solo cuatro meses antes de que estallara la Guerra Civil.
Portada de la sesión de apertura de las Cortes, el 17 de marzo de 1936
Portada de la sesión de apertura de las Cortes, el 17 de marzo de 1936ABC
Aquel episodio protagonizado por un diputado socialista contra el presidente del Congreso, Ramón de Carranza, era recordado cuarenta años después por un compañero del escritor y periodistaWenceslao Fernández Flórez, corresponsal de ABC en el Parlamento durante el bochornoso percance. Un conato de pelea entre los diputados que reflejaba el incremento de la tensión social que se había producido en España durante la Segunda República y que pasó a la historia como uno de los últimos episodios que anticipó el levantamiento militar del 18 de julio de 1936.
La opinión del Conde de Romanones, recogida por este periódico aquel mismo día de marzo del 36, lo refleja perfectamente: «En mi larga vida parlamentaria jamás vi una sesión preparatoria a la que asistiesen más de 300 diputados. ¡Y con qué ímpetu! Estas sesiones siempre fueron de mero trámite, pero aquí ya no hay nada que hacer. Creo que debe actuarse con gran prudencia, pues ese será el único modo de que estas Cortes duren, porque si no, pueden morir en cualquier momento de lo que yo llamo un “incidente imprevisto”».
Con gran acierto, el famoso político liberal y exministro de Primo de Rivera se refiere al «imprevisto incidente» que se produjo, efectivamente, poco después bajo el mando de Franco y que se podía haber vislumbrado a la luz de un episodio « de gran violencia» como el que referimos a continuación. Sobre todo, si tenemos en cuenta que, a principios de año, varios generales –incluido Franco– ya habían acordado sublevarse si, como ocurrió, el Frente Popular ganaba las elecciones. Esas primeras gestiones fracasaron, pero la semilla estaba plantada cuando se celebró el pleno que nos ocupa. «Mal comienzo tuvo. Poco después de abierta la sesión, los diputados de la mayoría frentepopulista entonaron “La Internacional” puestos en pie y con el puño en alto», contaba el amigo de Fernández Flórez en 1978, según el relato que le había hecho este.

«La Marsellesa»

El diario oficial del Partido Comunista, «Mundo Obrero», se refirió a esta interpretación de su himno en el Congreso –fuera del orden del día y entre insultos al presidente Carranza de filiación monárquica– como una victoria sin precedentes: «Por primera vez en la historia del parlamentarismo español ha retumbado, con ecos de gloriosas llamadas a la lucha, el himno revolucionario del proletariado universal. El himno oficial del país libre que adorna la victoria de la gran Unión Soviética. El canto de guerra antifascista…». Según ABC, sin embargo, muchos fueron los corrillos que se formaron después en el Hemiciclo calificando de «insólito» que cien diputados se hubieran atrevido a cantar, con el puño en alto y de pie, un himno que no era el oficial de la República. «A una personalidad de la Izquierda Republicana le oímos decir después –podía leerse al día siguiente– que si los diputados socialistas y comunistas persistían en cantar “La Internacional” cada vez que ocurriera un incidente en la Cámara, los republicanos contestarían entonando “La Marsellesa”».
Wenceslao Fernández Florez, en 1926
Wenceslao Fernández Florez, en 1926ABC
Con motivo de la inauguración de la Cámara tras las elecciones de febrero,Juan Ignacio Luca de Tena le pidió encarecidamente a Wenceslao Fernández Flórez que, dada la «solemnidad» del acto, suavizara por esta vez sus mordaces y humorísticos comentarios. Llevaba un tiempo retirado de la cabecera y no podía regresar generando la más mínima polémica en un momento crucial como aquel. Lo que no se esperaban el director de ABC y su redactor es que la tensión dentro del Parlamento llegara hasta un punto pocas veces visto.
Cuando Ramón Carranza anunció que levantaba la sesión y se puso en pie para marcharse, un diputado socialista le gritó: «Diga usted viva la República». El presidente del Congreso le respondió en voz alta: «No me da la gana». En ese momento se formó un tumulto tremendo y el mismo hombre que había exigido la proclama se lanzó corriendo para intentar agredir al presidente. A punto estuvo de hacerlo, de no haber sido protegido por el diputado de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), Dimas de Madariaga. El mismo que fue ejecutado en localidad abulense de Piedralaves poco después, en la zona republicana, nada más comenzar la guerra. Sin la intervención de este pacificador desdichado que se interpuso en el camino y frenó al socialista estaríamos hablando de la primera agresión, entre diputados, del congreso español en el siglo XX.

«¿Usted gritaría un “viva la Monarquía”?»

El mismo Carranza relataba así lo ocurrido en una carta enviada a ABC al día siguiente: «Si ese señor se hubiese dirigido a mí recordándome que la práctica era poner fin a la sesión con un “viva la República”, le habría respondido que ignoraba la costumbre. Pero si hubiera sido consciente del ritual, no habría utilizado mi derecho a presidir la sesión [como diputado de mayor edad]. Y si con la debida cortesía me hubiese expresado su deseo de que diese el “viva” que le agradaba, le habría respondido de igual manera que no lo daría a ese régimen, pero sí un “¡viva España!” que nos uniría a todos los que estamos en el salón. Así que continué de pie y volví a repetir: “No doy ese viva porque no quiero”. Y me retiré cuando me pareció conveniente, después de oír buena parte de aquel himno internacional que desconocía».
Juan Ignacio Luca de Tena, en 1939
Juan Ignacio Luca de Tena, en 1939ABC
Según relataba también este diario, los pocos diputados monárquicos que permanecieron en el Congreso tras el incidente, elogiaron el gesto de Carranza, ya que entendía que «este procedió como correspondía ante una invitación tan inoportuna si tenemos en cuenta la filiación política del presidente». Una corriente de opinión esta a la que se sumó Romanones: «La petición al almirante Carranza podría haber sido resuelta si le hubiera preguntado a su interlocutor lo siguiente: “¿Usted gritaría viva la Monarquía?”. Estoy seguro de que así la Cámara le habría aplaudido».
Ese mismo día, el Partido Socialista denunció en el Congreso que el nuevo presidente del Gobierno, Francisco Largo Caballero, había sufrido atentado en su domicilio. «Nuestro camarada fue tiroteado y algunos de los proyectiles entraron en la habitación de este», detallaba la nota de prensa. Los enfrentamientos se hicieron cada vez más habituales en el campo y en las ciudades, lo que tuvo también su reflejo en las discusiones de las Cortes, centradas en el orden público, hasta que el 12 de julio la situación se hizo insostenible. El teniente Castillo era asesinado por grupos armados de la derecha y, al día siguiente, ocurría lo mismo con José Calvo Sotelo por parte de varios grupos de izquierda. Solo hubo que esperar cinco días desde para que estallara la Guerra Civil.
Terminada la violenta sesión del 16 de marzo de 1936, Fernández Flórez se dirigía a la redacción de ABC impresionado por lo que acababa de presenciar, pero sin nada apuntado en su cuaderno ni la intención de escribir su crónica de ambiente. Al verle, el director le preguntó por su artículo, dando por hecho que este tendría gran interés por los rumores que le habían llegado. La sesión de apertura había sido, efectivamente, un escándalo. Pero el periodista le dijo:
No hay artículo.
Pero, hombre, Wenceslao, ¿cómo va a salir mañana ABC sin tus «Acotaciones»?
Allí tiene usted que mandar a un redactor de sucesos, no a mí.

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