La “dama española”, es la pandemia de gripe que asola Europa con 20-30 millones de muertes.
Aparece al término de la Primera Guerra Mundial que dejaba, tras de sí, unos 11 millones de personas. Familias y pueblos asolados por la enfermedad que acaba con personas totalmente blancas, pálidas, como la dama muerte se concebía.
Dioses en decir española, no por su origen, sino por ser donde se descubre su etiología.
Recomiendo la lectura de esta obra a toda persona y hacerlo en voz alta por toda familia.
Nota personal.- Mis abuelos paternos, por temor a ser “asesinado” el concebido por un familiar, que le traería la muerte, nace en Biarritz el 27 de diciembre de 1917. Al encontrarse con la dama blanca acuden rápidamente a España, siendo entregado a un ama de leche el día 1 de enero de 1918, para evitar que trajera la dama blanca con él.
Desde ese momento, el abuelo mantenía un gato negro panza arriba en la casa de Madrid. Así, haría que el mal traído por el nacimiento de mi padre, no les afectaría a ellos.
Luego tuvieron una hija.
La abuela y la tía fueron asesinadas en la casa de Madrid. El abuelo se fue a Madrid, temiendo a ser asesinado. En noviembre de 1962, fue asesinado en la casa de Madrid, con el gato negro panza arriba, al igual que lo habían sido en setiembre de 1936, la abuela y tía.
La tía Obdulia padeció de Párkinson, su relación con la dama española y mi padre, siempre me produjo escalofrío. Nunca se lo comenté a mis padres.
Cuando en 1960 me llevaron, abuelo y padre, a Madrid para que viera la construcción del túnel de Guadarrama, fue cuando el abuelo me dijo el motivo del gato al preguntárselo yo. En ese día, cenando, me habló el abuelo del nacimiento de mi padre.
También me dijeron los dos que no dijera nada a nadie. Les respondí que era leal, como me habían dicho que tenía que ser y siempre les fui hasta que mi padre fue asesinado.
Leí primero la diosa blanca de Robert Graves. De este autor, sus tres libros es imprescindible leerle.
La diosa blanca
Ana María Ashwell
Doris Lessing reflexionó sobre la manera como se editó de la memoria el daño que la Primera Guerra Mundial causó a Europa y a los europeos. Ella había nacido en 1919, cuando la mitad del territorio europeo yacía devastado, sembrado de cementerios; diez millones de soldados habían muerto en las trincheras y millones más (se estima entre 20 y 30) morían por la pandemia de influenza llamada la “Dama Española”. Hubo aldeas en las cuales no sobrevivió un solo hombre sano ni un joven. Cientos de miles de nombres de escoceses –recuerda– quedaron registrados entre 1914 y 1918 en un libro del castillo de Edimburgo como “vidas no vividas”. La guerra no se ha tornado menos central a los europeos a medida que pasa el tiempo –piensa Lessing–, sino todo lo contrario: “Todos somos resultado de la guerra, dañados y marcados por la guerra, aunque al parecer lo hemos olvidado”.1
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