martes, 9 de octubre de 2018

Dedicado a mi sobrino Augusto el globalizado.

Recomiendo leer la extra-ordinaria novela de Armando Palacio Valdés  "La aldea perdida" que sitúa en la tierra de mis antepasados, Laviana, en el Señorío de Villoria, en Río Montán. Terrenos que en la Alta Edad Media eran coto de caza del gran Don Rodrigo Álvarez de las Asturias y que concedió a Don Gonzalo Díaz-Ordóñez, ahijado suyo y que, en su mayoría de edad, se le concederá la administración de las tierras de Quirós, hasta entonces administradas por el Obispo de Oviedo. En ese momento, don Gonzalo, hácese llamar de Bernaldo de Quirós, reclamando para sí la descendencia real de DOn Bernaldo del Carpio, hijo del rey Sancho Día y de la Infanta Jimena, hermana del Rey Casto Don Alfonso  II. Y, por parte de madre, descendiente de Vermudo II, el gotoso, rey de Asturias y León.

Si la novela de la segunda mitad del siglo XIX, La aldea perdida, es un alegato contra la industrialización y a favor de la vida rural, los Augustos, descendientes primogénitos de Don Gonzalo Díaz-Ordoñez y Bernaldo de Quirós, hacen apología de la vida rural desde un concepto basado en el concepto de aldea global del canadiense Mcluhan.

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