Relación médico-paciente
Pedro Laín Entralgo
Nada hay más fundamental y elemental en el quehacer del médico
que su relación inmediata con el enfermo; nada en ese quehacer parece
ser más permanente. Desde que existe el hombre sobre el planeta,
dos utopías han pretendido quitar a la relación entre el médico y el
enfermo (en lo sucesivo, r. m.-e. o relación médica) su carácter inmediato.
La mentalidad mágica —dominante en casi todas las formas de
vida que solemos llamar «primitivas» y vigente, pese a todo, en las
zonas más arcaicas de las sociedades cultas— lleva en su seno la pretensión
utópica de la actio in distans, y por tanto una creencia más o menos
viva en la posibilidad de sanar al enfermo sin contacto directo con él.
La mentalidad técnica, a su vez, ha soñado la utopía de un diagnóstico
logrado mediante signos puramente objetivos (cifras analíticas, trazados
gráficos) y un tratamiento limitado a la fiel ejecución de algunas
prescripciones escritas: otro modo de la actio in distans 1
. Sería demasiado
necio, claro está, equiparar entre sí la aberración indudable déla
utopía mágica y la siempre creciente eficacia de la utopía técnica: aquélla
ha sido lastre y esta otra es gloria muy alta de la humanidad. Pero bajo
tan abismal diferencia, ambas aspiran a separar físicamente el médico
del enfermo, o cuando menos a demostrar que el encuentro personal
de uno y otro no es condición necesaria para el recto ejercicio de la
medicina. ..
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