Yo fuí concebido por mi madre, no por mi padre. Yo fui gestado por mi madre, no por mi padre.
Mi padre iría a Monterrey en busca de María, viuda del tío Antonio, y de Federico, el hijo de ambos. Así se lo hizo prometer el abuelo que le culpaba de su asesinato en Madrid, por no haber llegado a tiempo de evitarlo, al igual que le culpaba del asesinato de su madre y hermana, por el mismo motivo. Parece ser que por negarse a ir durante todo el verano de 1936, por culpa de su novia, a la que también culpaba; él no tenía culpa alguna (según mi padre y la réplica del abuelo. Esto sí que se les oí yo).
Ante tal presión mi madre me concibió y gestó. Mi nacimiento, aún empeoró las relaciones y el abuelo le pidió que fuera a vivir a Cabañaquinta, por no fiarse del administrador de allí; mis padres se negaron rotundamente (parece ser que con mayor mi madre; siendo, según ella, los motivos de "no llevarse, ni bien ni mal.
En ese primer año de vida, mis padres obligaron al tio de mi padre a traer a casa a su hijo.
En los últimos años cincuenta se me hizo saber todo lo dicho; uno por un motivo y otro por otros. Yo no tenía diez años, cuando jugaron con mi cabeza. Ahora me explico el "jirigay".
En esos años, el abuelo me hizo prometer que haría aquello que mis padres no habían hecho.
Yo lo hice. Viajé a Monterrey y conocí a la tía María y al hijo que había tenido con Antonio y que tenía por nombre Federico. Lo habían gestado en Oviedo y ella lo había parido soltera en Monterrey, ciudad a la que había ido con familia que tenía con negocios mineros y; principalmente, metalúrgicos. El tío Antonio había ido a Monterrey donde se casó con Maria y reconoció a Federico como hijo, y no por lo que decía la familia y otros.
Cuando los conocí, Federico estaba casado con María y tenía dos hijos, Federico y María; esta, de mi edad.
Federico me acompañó al DF donde me presentó un cirujano del Hospital Español, cuya familia era de Oviedo y regentaban una sidrería, cuyo nombre no recuerdo, que estaba en la calle que sube de la plaza del Riego a la calle de Cimadevilla. Este médico me presentó a quienes estaban realizando trasposición de glándula suprarrenal a páncreas en los diabéticos, a quienes estaban haciendo trasplantes pulmonares en perros. Y, trasposición de médula suprarrenal a la cabeza del núcleo caudado (coincidí en quirófano en la cirugía de Mohamed Alí y su tremendo Parkinson). Yo estaba interesado en la trasposición experimental animal de parótida a adenohipófisis que realizaba Ramón Álvarez-Buylla. Este trabajo lo interrumpí por asistir a una paciente con TBP/TOC; me mereció la pena.
Otras cuestiones relacionadas las anoté y,sino, lo haré.
Mario Frangoulis - Hijo de la luna. https://youtu.be/F7Y7ouOJFME
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