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jueves, 28 de diciembre de 2017

Unamuno y la teología eterna de la inquietud

Unamuno y la teología de la eterna inquietud 

https://elpais.com/elpais/2017/12/28/opinion/1514485347_177443.html





Unamuno y la teología de la eterna inquietud

La sociedad española necesita un don Miguel de hoy que, así como el de ayer gritó “¡Maura no!” “¡Romanones tampoco¡”, proclame hoy “¡Rajoy no!” “¡Sánchez, Iglesias y Rivera tampoco!”



Miguel de Unamuno
Miguel de Unamuno GETTYIMAGES

Vencido el año, uno de los diagnósticos razonables es que la sociedad española, abrasada por la corrupción, por la precariedad laboral causada por políticas corrosivas y la murga catalana (la descripción que mejor le cuadra es el neologismo planicordio, incordio planificado, que debemos a Stanislaw Lem) necesita con urgencia un Inquietador, un agitador de conciencias que remueva aquí y allá la percepción plana y deprimida de la realidad que nos aqueja. Vencido el año, es inevitable acordarse para este papel del Inquietador español por excelencia, don Miguel de Unamuno, muerto un 31 de diciembre de 1936 abrumado desde fuera por las ruinas de una guerra incivil y desde dentro por la zozobra permanente sobre la inmortalidad de su alma.
Contradictorio, arbitrario, soberbio (“Yo soy soberbio, cual Satán altivo / me quiero todo a mí”), tan egocéntrico que quiso salvar su Yo para toda la eternidad, insociable, alzado en armas (intelectuales) contra los jesuitas, el Gobierno, el Rey, los profesores de universidad (“unos haraganes”), las fuerzas vivas y muertas de Salamanca y los caciques, nunca estuvo a gusto con nada (salvo con su mujer, Concha Lizárraga) y manifestó su disgusto por todo. Pasó por destituciones y exilios, pidió la República, la rechazó ya constituida y se encaró agriamente con el fajismo franquista. Unamuno fue “una fuerza espiritual de las mayores que esta pobre España tiene”, dicho sea con palabras de Francisco Giner de los Ríos. Y que tendrá, habría que añadir.
Es probable que su contribución a la filosofía sea discutible, incluso prescindible. Su concepción de la intrahistoria (tan opuesta a la de Hegel) no tiene hoy vigencia y su idea de la vida como lucha interminable contra la negación se explica por su ego oceánico y una teología doliente. Nada de eso tiene importancia frente al huracán polémico de su verbo, de sus ensayos incendiarios y de su posición enhiesta contra esto, aquello y lo de más allá. El troquel que conformó a Unamuno desapareció de España con su muerte (“De Unamuno no hay cosecha”, sentenció Giner). El enfrentamiento con Millán-Astray y la camarilla de espectros rebeldes en el paraninfo de Salamanca no solo expone su valor irreductible frente a la miseria moral del golpe de Estado sino el reconocimiento de un trágico error (su apoyo inicial a los facciosos) pagado con remordimiento y quizá la muerte.
Si tuviésemos que definir tres coordenadas básicas de la política española actual con tres doloras de don Miguel, podrían ser éstas: 1) “Me importa poco que hablemos vascuence, castellano o lapón, lo que deseo es que nos entendamos, cosa que por desgracia no sucede. 2) “La retórica ha sido sustituida por la propaganda [el relato]. La retórica es el arte y la técnica de manejar colectivamente a los hombres sin profanarlos”, y 3) “No hay cosa más repugnante que explotar la ignorancia ajena”. Queda demostrado que duele la ausencia de don Miguel y su teología de la inquietud permanente. O de un don Miguel de hoy que, así como el de ayer gritó: “¡Maura no!”, “¡Romanones tampoco!”, proclame hoy: “¡Rajoy no!” “¡Sánchez, Iglesias y Rivera tampoco!”.




Cierta racionalidad -Soledad Gallego

Cierta racionalidad https://elpais.com/elpais/2017/12/22/opinion/1513956748_667576.html






Cierta racionalidad

La independencia es imposible cuando no se tiene, ni remotamente, la mayoría social




Rueda de prensa posterior a la reunion del Comite Ejecutivo de Ciudadanos tras el 21-D
Rueda de prensa posterior a la reunion del Comite Ejecutivo de Ciudadanos tras el 21-D ALBERT GARCIA

Los resultados del 21-D no son malos desde un punto de vista político, aunque crean un escenario de complicada gestión. No son malos porque dejan dos cosas establecidas: no es posible la independencia cuando no se tiene, ni remotamente, la mayoría social,y no es posible “normalizar” la aplicación del artículo 155 de la Constitución cuando el partido del Gobierno central casi ha desaparecido en Cataluña. Las dos cosas juntas deberían permitir recuperar un cierto grado de racionalidad.



Al mismo tiempo, ni los más fervientes partidarios de la unión pueden ignorar a esos dos millones de catalanes que, una y otra vez, expresan su deseo de cambiar sus relaciones con el Estado. Los resultados del 21-D alejan el peligro de que el PP crea que ha “normalizado” la aplicación del artículo 155 de la Constitución. El 155 sigue siendo un artículo para momentos excepcionales, útil para evitar disparates antidemocráticos, pero que no permite construir consenso político.
La racionalidad debería llevar a la conclusión de que ese resultado solo se puede gestionar con una autonomía muy reforzada. Parece un camino difícil de abrir, pero más difícil todavía es que aparezca otro distinto. Negociar en paralelo la reforma del Estatut y la Ley de Financiación Autonómica, con la mesa de la reforma constitucional abierta al lado, podría ser el único escenario viable.
De momento, para quienes va a ser más complicada la gestión de los resultados es para los independentistas, por mucho que tengan al alcance la mayoría absoluta parlamentaria. Su primer objetivo debe ser recuperar la Generalitat, y para eso tienen que decidir qué camino tomar. Evitar que el 155 siga en vigor implica elegir rápidamente un nuevo presidente de la Generalitat, y eso no será posible si se empeñan en que sea Carles Puigdemont, porque pesa sobre él una orden de detención y es muy probable que si regresa a España sea detenido y encarcelado, al igual que ya lo está el líder de Esquerra Republicana, Oriol Junqueras. Queda la posibilidad de elegir un tercer candidato/a capaz de obtener el apoyo bien de la CUP, bien de En Comú. ¿Aceptará Puigdemont dar un paso atrás? Lo dio en su momento Artur Mas y de hecho Puigdemont tiene un balance personal muy discutible: ha obtenido en Cataluña menos votos y menos escaños que Inés Arrimadas. Nada con lo que, con sinceridad, sentirse aupado al Palau de la Generalitat. Además, la alternativa es nuevas elecciones y seis-ocho meses más de 155.
La impresionante victoria de Inés Arrimadas no puede trasladarse fácilmente a una victoria de Albert Rivera en el resto de España. El PP se ha hundido en Cataluña, pero seguramente Rajoy ya lo daba por descontado. Su único motor, como deja patente su irresponsable actitud frente al deterioro de la justicia, son sus intereses electorales, y desde ese punto de vista lo inquietante para él hubiera sido un ascenso notable del PSC, que no se ha producido. Iceta ha logrado parar el declive de los socialistas, pero un escaño más no puede preocupar al PP. El PSOE tiene todavía mucho por hacer. Y en cuanto a Ciudadanos y Rivera, Rajoy tiene dos años por delante para procurar hundirles, como sin duda intentará. De momento, la victoria de C's, en cuanto apuntala la mayoría constitucionalista, le sirve más de protección que de ataque. La única manera de derrotarle es que “Cataluña” deje de protegerle.
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