domingo, 18 de marzo de 2018

Concibiendo.

1968, decidí concebir hijos. Busqué mujer y la encontré. He tenido los hijos que he querido y que su madre quiso. Los fines de ambos eran muy diferentes. Me lo advertí y se lo advertí. Resultado, el esperado. Concebí una educación que no tuvo correspondencia sino oposición. Seguí adelante, mis hijos nacían con espada corta y pensé que darían un paso más en su vida autónoma.

Soy José Manuel, no Augusto. Soy Mamerto, no Federico. No quise la fuerza sino la razón.

Ha ganado Augusto Pérez sin llegar a Bayona.

Aún estoy en camino y a mayor aceleración que nunca. Lo sé porque el camino se acerca a la línea que termina en un punto.

Ya no siento el camino. Ya no veo el camino. Ya no oigo las cadenas que otros arrastran. Mi corazón se desacelera.

Ya no soy.

He sido educado.

Saludo sin bajar la cabeza y sin levantarla. Miro al frente tras haberlo hecho a cada lado siguiendo a mis manos asimétricas. Busco su silencio cómplice. No señalo a nadie: ¿a quién te refieres hijo? A nadie, madre. A nadie.




No hay comentarios:

Publicar un comentario