lunes, 15 de octubre de 2018

La batallona de hace 25.000 años

Hace más de 25.000 años, cuando el hombre no estaba en la Tierra, los ejércitos de titanes de Dios y del Diablo tuvieron una batalla final en El Valle de Lughonia (hoy La Morgal). Tras intensos días y noches, los titanes del dios Lugh vencieron al ejército del Mal. Los titanes de Lugh dispusieron el monte sagrado del Dios Lugh para ser ocupado por los hombres.

Información tomada del Centro de Documentación Histórica de Lughonia radicado en el pueblo lughon de Gijón, segundo poblamiento, por número de habitantes, del Pueblo Lughon.

Todos los grupos humanos concibieron a un ser superior al hombre, como su creador y protector. Ser al que dieron nombre de Dios y que les beneficiaba. Este Dios podía acompañarse de otros dioses que les beneficia en algunos aspectos relacionados con la actividad humana. En todo caso, siempre había un Dios superior. 

A la vez que concibieron un Dios benefactor, siempre concibieron otro Dios del mal que a ellos le daba. Este Dios Maligno para el hombre.

Desde el principio, los hombres entendieron que el mayor bien que ellos tenían era la vida, por lo que el dios benefactor les acompañaba en la vida y que él mismo habitaba en el Cielo. El dios maligno les acompañaba en la muerte al considerar que este es el mayor mal del hombre. 

El dios bueno fue creador del dios malo al que tuvo que expulsar del cielo por haber pecado, sirviendo como ejemplo de los hombres para que estos acataran la palabra del dios bueno.
El dios bueno, también creó a unos seres que no eran dioses ni tampoco hombres, titanes, que actuaban a modo de guerreros a favor del dios bueno y el dios malo.

Ellos lucharon entre sí para acabar con uno de los dos mundos, el de la vida y el de la muerte.

Todos los grupos humanos cuentan con una guerra entre titanes buenos y malos que acabaría con el mundo malo, dando así al fin del mundo de la muerte, o mundo malo.

Luego de la batalla final, los titanes se retiraron a su mundo y, poco tiempo después el dios malo creó a los hombres, seres inferiores a los titanes y, siempre dependientes del dios bueno y malo. Dios creó a los ángeles, seres buenos y malos, superiores al hombre e inferiores a los titanes, que no ponían en duda la naturaleza divina del dios bueno y malo.

En Lughonia, como no, también tuvieron anteriores a ellos, titanes que lucharon entre sí para acabar con el mundo de la muerte no deseable. Aquí, la batalla final, los lughones no le nombraron Argameddón sino la “batalla de la hostia”, o “de la madre que la parió”. Otros, para mí más accertados, “ de la de dios”. Como ya entonces las mujeres lughonas eran feministas, por lo que unas decían de la batalla “de la madre que la parió”, “de la virgen”. Bueno, los lughones fideos, que también los había, “bah!, una batalluca”, “una batalla de na” y, también “una castaña”, por aquellos que habitaban el carballeo y castañera, que les dejó la batalla sin árbol alguno”

Malo, malo, los lughones ya no se ponían de acuerdo ni en nombrar la que yo nombro “batallona”

Nota.- Todo eso está documentado en tablillas de barro y piedra, lo que hizo posible que sobreviviesen a la última invasión, la de Augusto que, al enterase que los lughones eran bravos, tuvo que pagar a sus soldados con una pensión vitalicia y jubilarse, construyéndoles una aldea en Badajoz que se le dice “aldea de los jubilados de Augusto" o, si se ansía “ emérita Augusta”  que, con el paso de tiempo y no tratarla bien, hoy le dicen Mérida.




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