Transformado en Parador adquirió una mesa robada en la casa de mi padre. Fuimos, dormimos y nos fotografiamos junto a la mesa donde se hacían comidas de toda la familia y donde escribí, con toda la documentación desplegada,, ls traducción qye hicimos del Liber Judiciorun
CULTURA ■ PATRIMONIO
El alcalde que quiso tirar San Marcos
Era «viejo» y estaba a punto de desplomarse. Con este argumento, un alcalde de León pretendió derribar San Marcos en unos años en los que también la Catedral y San Isidoro estuvieron a punto de venirse abajo. Si hoy los tres grandes monumentos de la ciudad siguen en pie es providencial.
verónica viñas | león
La situación de San Marcos era tan precaria que el alcalde de León planteó su demolición. Llegó incluso a solicitar el derribo del edificio al Gobierno Civil. Corría el año 1875 y en el Ayuntamiento, según consta en los archivos, el bastón de mando pasa el 6 de marzo de Restituto Ramos Uriarte a Antonio Sánchez Chicarro, por lo que ha sido imposible averiguar quién de los dos quería cargarse la joya del plateresco. La ignorancia o la codicia de algunos personajes de la historia de esta ciudad y la falta de recursos para restañar las heridas de los monumentos han marcado su destino.
Tras la desamortización de Mendizábal y la disolución de la Orden de los Caballeros De Santiago, el inmueble había quedado a su suerte. Incluso salió a subasta en 1843 por 985.700 reales (menos de 1.500 euros), pero no encontró comprador. Un año después, el 22 de agosto, San Marcos es declarado Monumento Nacional. La Comisión Provincial de Monumentos reclama entonces fondos al Gobierno para evitar su ruina. La misiva que envían al presidente Narváez es demoledora: «Dos capillas de la iglesia están al descubierto; sobre la hermosa sillería del coro llueven infinidad de goteras, y está a punto de ser sepultado entre ruinas. Toda la techumbre infiltrada de las aguas y el pavimento poco seguro hacen peligroso recorrer el edificio....». Sin embargo, el Gobierno ni siquiera contesta.
Ante el silencio administrativo, la citda comisión apela al gobernador, al que remite otra angustiosa carta: «Parece imposible que con una Real Orden desde el pasado agosto para salvar de la destrucción este monumento de las artes se permita y se vea a sangre fría convertir en escombros y sepultarse entre amontonadas ruinas...». Concluye pidiendo al gobernador que haga llegar la misiva a la reina.
Un largo pleito
En 1878 el Ayuntamiento solicita el edificio para Depósito de Sementales. En esos años y los siguientes la Comisión Provincial de Monumentos, el Obispado —que nunca renunció a sus derechos— y el Ministerio de Hacienda se ven envueltos en varios litigios por la propiedad de San Marcos. Un contencioso que no concluye hasta 1961, con las correspondientes indemnizaciones a la Junta de Acuartelamiento y el Obispado de León.
Si el siglo XIX fue conflictivo para San Marcos, la Catedral y San Isidoro estuvieron también a punto del colapso. La de la Catedral fue una rehabilitación sin precedentes. Incluso el Estado se involucró en salvar el primer Monumento Nacional. El país contuvo el aliento.
El edificio tenía los días contados y se habría desplomado sin la intervención de Juan Madrazo, quien trazó un sofisticado proyecto para reforzar el templo gótico y devolverlo al estilo original. Sin embargo, fue cesado en 1879. Tomó el relevo Demetrio de los Ríos, quien ejecutó con todo rigor el proyecto de su predecesor, despojando al edificio de añadidos modernos, algunos de los cuales, como la cúpula barroca, habían contribuido a ‘hundir’ el edificio. A su muerte le sucede Juan Bautista Lázaro, quien concluye la restauración en la mayor parte del edificio y en 1895 emprende la tarea de recomponer las vidrieras.
Un mal siglo
También el siglo XIX fue horribilis para San Isidoro; el peor de su historia. Al delicado estado en que se encontraba la joya del románico se sumó el expolio y la desolación que dejaron en el edificio las tropas napoleónicas, que saquearon y destrozaron el Panteón Real. Hasta 1894 no llegaría ayuda. Ese año comienza una larga restauración que durará hasta 1920. Los trabajos fueron muy accidentados, por falta de presupuesto. De hecho, en 1909 se suspendieron las obras por falta de recursos. La restauración se paralizó durante cinco años, hasta que el ministerio concedió 25.000 pesetas.
Paradójicamente, algunas de las restauraciones que fueron providenciales en su momento y salvaron de la ruina inminente a los tres grandes monumentos leoneses, también dejaron algunas secuelas. El tiempo ha demostrado que la gran restauración llevada a cabo a principios del siglo XX en San Isidoro no fue del todo acertada. Algo similar a lo que ha ocurrido en la Catedral, donde las grapas colocadas para sujetar algunos muros, a la larga, han acabado por resquebrajar la piedra.
El arquitecto Valentín Berriochoa Hausmann y el arquitecto técnico David Gil Crespo, responsables de la actual restauración de la fachada de San Marcos, se han encontrado con un edificio que se deshace como un azucarillo. Según ellos, la intervención que se llevó a cabo en los noventa fue peor que la realizada una década antes.




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