jueves, 2 de mayo de 2019

Leonardo Da Vinci,





Nació el 15 de abril de 1452 en Florencia. Pintor, anatomista, arquitecto, artista, botánico, científico, escritor, escultor, filósofo, ingeniero, inventor, músico, poeta y urbanista, el Hombre del Renacimiento, el polímata más reconocido de la Historia, Leonardo Da Vinci, nació el 15 de abril de 1452 en Florencia.

Se sigue poniendo el epíteto "hijo ilegítimo"

Todos mis hijos, aquellos nacidos desde 1968 a 1980, son legítimos, y naturales. Todos fueron concebidos por sus padres. Dicen que dos nacieron en los años noventa. Dicen mal, ni fueron concebidos ni gestados. Seguro que no hay madre alguna, ni hija alguna que lo pueda sostener.
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Sé que dicen que eres padre cuando sabes que no has tenido hijos por causas biológicas. El padre acepta ser padre adoptivo sin decírselo a la madre que él sabe que miente.


Mineros de Ujo - Concha Espina




Transcripción “Génesis de la novela, El metal de los muertos” de Concha Espina
Registro sonoro, 1933                                                                       
Comienzo  de la transcripción
 _____________________________________________________________________________ Intérprete: Concha Espina Génesis de la novela
Una vez, muy al principio de mi vida literaria, la suerte que me ha empujado por muchos caminos difíciles de la tierra y de la mar me llevó a un pueblo de Asturias muy triste y muy feo, de nombre desconocido para mí, Ujo. Allí estuve un año, minas de carbón, el río Aller que parece de tinta, una carretera oscura, tiznada como los montes que forman aquella hoz. Unos hombres subterráneos, envejecidos en plena juventud, lejos del sol, siempre a orillas de una muerte violenta. Pobreza, dolor, injusticia. Al contacto suyo, sentí la íntima necesidad de escribir algún día la tragedia de los mineros, el drama de los hombres, hermanos nuestros que viven arrojados en lo profundo de la tierra. Tristes siempre y enfermos para morir tan pronto, pero mi ambición era, entonces, prematura y desmesurada. Tuve que esperar, pasaron años, trabajé mucho, estudié, escribí otros libros y por fin, pude, visitar casi todas las minas de España. Bajé a las excavaciones más profundas. Subí a las cortas, abiertas en el regazo de la montaña como cánceres inmensos. Conocí las fábricas, todos los caminos infernales de la esclavitud. Los altos hornos, toda la tragedia de los hombres, estos que yo quería pintar en mi libro y escribí El Metal de los Muertos. Le situé en Rio Tinto pero sus primeros capítulos suceden en Guías, mi patria de Santander donde el maestro Galdós hizo su Marianela. Pronto mis protagonistas, emigran a Andalucía, a esa Andalucía secuestrada por el inglés como Gibraltar. Una Andalucía que por eso no tiene ni pájaros, ni flores, ni cantares, ni mariposas. Todo lo ha consumido allí la explotación. Aquel río, parece de sangre. El paisaje es tan rojo, que la pasión roja de los hombres se explica allí. La vida es siniestra, enorme, una cosa dantesca, terriblemente infernal. Todo allí sugiere la idea de la esclavitud, de la última esclavitud de las criaturas humanas. 

Хворостовский, Гаранча | Hvorostovsky, Garanca, Moscow 29.10.2015

miércoles, 1 de mayo de 2019

La asturiana casada en Tibet hace 160.000 años.


Nota.- Probablemente todo comenzó con la muchacha de El Sidrón que en Denisova se unió sentimentalmente y se fueron al Tibet.


Una misteriosa especie humana conquistó el techo del mundo hace 160.000 años

Hallado en China el fósil de un denisovano, la especie que se cruzó con los 'Homo sapiens' y les pasó genes que les permitieron vivir a gran altitud

Una misteriosa especie humana conquistó el techo del mundo hace 160.000 años
Científicos chinos y europeos han identificado un fósil como perteneciente a un denisovano, la misteriosa especie humana que pobló Asia hace miles de años y con la que los sapiens tuvimos una corta pero fructífera historia de sexo.
Un estudio publicado hoy en Nature describe los restos —la mitad de una mandíbula inferior y dos molares— que fueron encontrados en 1980 por un monje budista en la cueva de Baishiya, en la provincia china de Gansu, que comprende parte de la meseta tibetana. “Esta cavidad natural está considerada un lugar sagrado y los huesos humanos que aparecen aquí se suelen machacar para hacer medicinas tradicionales con supuestos poderes curativos”, explica Jean-Jacques Hublin, paleoantropólogo del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva y coautor del estudio. No se sabe por qué, "el monje prefirió salvar los restos y regalárselos al sexto buda viviente de Gung-Thang, una autoridad religiosa, quien a su vez los donó a una universidad china”, explica. Ahora, 39 años después y gracias a la colaboración entre investigadores chinos y europeos, se ha demostrado que el hueso no era de un santo, sino de un denisovano adolescente de sexo desconocido que vivió hace al menos 160.000 años.
Los denisovanos son una especie humana sin rostro. Fueron descubiertos en 2010 y de ellos apenas se conocían cinco restos fósiles de menos de dos centímetros, todos hallados en la cueva rusa de Denisova, al sur de Siberia, que no permiten conocer el aspecto físico de estos humanos. Sin embargo, el frío de la cueva preservó el ADN, lo que ha permitido ensamblar todo su genoma a partir del diminuto diente de una niña. La genética los identificó como una especie hermana de los neandertales que apareció hace unos 400.000 años. Mientras los neandertales ocuparon Europa, los denisovanos se expandieron por Asia.
Después de que los Homo sapiens salieran de África por primera vez, hace unos 100.000 años, se encontraron con los denisovanos y tuvieron sexo e hijos con ellos en varias ocasiones. Fruto de aquellos cruces hay unas gotas de ADN denisovano en los asiáticos, sus descendientes los nativos americanos (un 0,2% del genoma) y los habitantes de Oceanía (hasta el 5%). Por razones desconocidas, los denisovanos se extinguieron hace unos 40.000 años, el mismo destino que siguieron los neandertales en la misma época.
Entrada de la cueva de Baishiya, un santuario budista.
Entrada de la cueva de Baishiya, un santuario budista. 
El nuevo hallazgo demuestra que los Homo sapiens no fuimos los primeros en ocupar la meseta del Tíbet, el techo del mundo sobre el que se asienta el Himalaya, la cordillera más alta del planeta. El trabajo, coliderado por Fahu Chen, de la Academia de Ciencias China, Dongju Zhang, de la Universidad de Lanzhou, y el equipo de Hublin, ha extraído proteínas de colágeno de uno de los dientes del fósil. Su secuencia de aminoácidos, aunque muy degradada, parece diferente de la de otras especies humanas e identifica los restos como denisovanos. Esto no solo implica que hubo otros humanos que conquistaron la meseta, con una altitud media de 4.500 metros, 120.000 años antes que nosotros, sino que probablemente fueron ellos los que nos pasaron algunas variantes genéticas necesarias para sobrevivir en este entorno hostil con escaso oxígeno, como han demostrado estudios recientes entre pobladores del Himalaya actuales.
“Neandertales y denisovanos vivieron durante cientos de miles de años en Eurasia y se adaptaron a estos entornos. Los humanos modernos llegaron de África y se mezclaron con ellos un poco, lo que les permitió adquirir variantes genéticas ventajosas. Esas variantes se hicieron cada vez más frecuentes. Por ejemplo, el 80% de los tibetanos actuales las portan”, resalta Svante Pääbo, genetista del Max Planck y autor principal de la secuenciación del genoma neandertal y denisovano. "Es muy interesante que se empiecen a encontrar denisovanos más allá de la cueva de Denisova. Presumiblemente ocuparon la mayoría de Asia en el pasado, así que espero que se encuentren muchos más restos en el futuro", comenta el genetista.
La técnica que analiza paleoproteínas puede ser la próxima revolución en evolución humana y probablemente permita aclarar qué aspecto tenían los denisovanos, si es que no lo ha hecho ya. “A juzgar por la mandíbula y lo que sabemos de otros fósiles ya conocidos de China como Maba [sur de China], Xujiayao [norte] y Penghu [Taiwán], que también pueden ser de denisovanos, estamos ante unos humanos muy parecidos a los de la Sima de los Huesos [en Atapuerca, Burgos], con una cabeza grande, los arcos de las cejas muy marcados, dientes voluminosos y frente huidiza”, explica Hublin.
El trabajo también confirma a Asia como una segunda cuna de la evolución humana más allá de África. “En China se conocen muchísimos fósiles humanos raros o inclasificables que ahora podrían ser adscritos a los denisovanos con las nuevas técnicas de análisis de ADN y paleoproteínas”, opina Antonio Rosas, paleoantropólogo del CSIC.
“Nuestra especie, aunque solitaria, es en realidad un crisol de humanidades ya extintas, y esa mezcla ha sido particularmente importante para nuestro éxito actual”, resalta María Martinón-Torres, directora del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana, en Burgos. “Es curiosa la forma en que relatamos siempre como hazañas muchas de nuestras capacidades. Sin embargo, es una cura de humildad descubrir que parte de nuestros superpoderes estaban presentes en otras poblaciones humanas mucho antes que en la nuestra y que de hecho les debemos a ellas su herencia”, destaca.
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Asturias y Cataluña en la invasión frances

BARCELONA CAUTIVA 1808-1814
De Raymundo Ferrer
EDICIÓN A CARGO DE ANTONIO MOLINER PRADA

Nota del Editor
La obra que el lector tiene en sus manos constituye un testimonio directo de la ocupación de Barcelona y de Cataluña durante la llamada Guerra del Francés o Guerra de la Independencia. Por ser de difícil consulta, he creído conveniente hacer una edición electrónica de ella con motivo de la conmemoración del Bicentenario. Este trabajo no hubiera sido posible sin la ayuda del Centre d´Història Contemporània de Catalunya, del Ministerio de Educación y Ciencia (Proyecto de investigacion HUM2005-01118) y de la Universitat Autònoma de Barcelona. En el texto se ha respetado la grafía original. 

 BARCELONA CAUTIVA, Ó SEA DIARIO EXACTO DE LO OCURRIDO EN LA MISMA CIUDAD MIENTRAS LA OPRIMIERON LOS FRANCESES, ESTO ES, DESDE EL13 DE FEBRERO DE 1808, HASTA EL 28 DE MAYO DE 1814.


ACOMPAÑA A LOS PRINCIPIOS DE CADA MES una Idea del Estado Religioso-Político-Militar de Barcelona y Cataluña.
POR EL R.P.D. RAYMUNDO FERRER PRESBITERO del Oratorio de S. Felipe Neri de Barcelona, y Vicario que fue en casi toda la época del cautiverio, de la Parroquial Iglesia de los Santos Justo y Pastor de la misma. DEDICADO EL EXC.mo SEÑOR MARQUES de Campo-Sagrado, Capitan General del Exército y Principado de Cataluña, y Presidente de su Real Audiencia etc. etc. TOMOS PRIMERO Y SEGUNDO. 1808. 
BARCELONA _________________ EN LA OFICINA DE ANTONIO BRUSI. AÑO 1815 Q

AL SEÑOR D. FRANCISCO JOSÉ BERNALDO DE QUIRÓS, ALÁS, Carreño y Huergo, Mariño de Lobera, Pardo y Figueroa, Dueño y Pariente Mayor de la Casa Solariega de Quirós en el Principado de Asturias, Regidor, Alguacil mayor de la ciudad de Oviedo, y del Tribunal de la Santa Cruzada de ella, Sócio honorario de la Real Sociedad de Asturias, Marques de CampoSagrado, Vizconde de las Quintanas, Teniente General de los Reales Exércitos, General en Gefe del primero de Operaciones, Capitan General del Principado de Cataluña, Presidente de su Real Audiencia, etc. etc. etc.

EXC.mo SEÑOR.

Habiendo V.E. empuñado el baston de esta Capital y Provincia á pocos meses de haberla evacuado las tropas enemigas que pusieron á una y otra en la mayor afliccion y miseria, ¿á quien mejor que a V.E. puede dedicarse la memoria de lo ocurrido en una y otra en tan aciagos años y prolongado cautiverio? Por lo mismo me he atrevido á dedicarle este Diario de Barcelona Cautiva, el qual puede llamarse un compendio de la historia de Cataluña durante la misma invasion por continuarse á los principios de cada mes una idea del estado de entrambas. No ignoro que V.E. puesto en 1808 y 1809, en el candelero de la Junta Central vería las calamidades que afligieron á esta benemérita Provincia, y á su cautiva y fiel Capital, pero quizá no con el desenlaze de sucesos como en el presente Diario, en que no podrá menos de admirar los heróicos esfuerzos, y constancia inalterable de la una en medio de los mayores desastres, y la fidelidad de la otra durante su cautiverio. Como me consta que V.E. leyó con agrado la Idea de la Fidelidad de Barcelona durante su cautiverio á su adorado Rey el Señor Don Fernando VII, que publiqué dias atrás, por esto me animo á dedicarle este primer quaderno del Diario de Barcelona Cautiva, que es como las primicias de los demas que irán saliendo, los quales creciendo como á vergeles á la sombra del CampoSagrado de V.E., no podrán menos de producir sazonados frutos de constancia, fidelidad y heroismo, los quales mostrándolos los padres á los hijos, y estos á los suyos, se estimulará una y otra generacion en el amor á la Religion, al Rey y á la Patria, en que verán se han distinguido con mucha particularidad Cataluña y Barcelona en medio de las bayonetas enemigas. Y como todo esto quede evidenciado por varios documentos y piezas oficiales que he reunido, y con los quales se verá confesado por los mismos enemigos el amor y fidelidad que mostró Barcelona durante su Cautiverio á nuestro amado Rey el Señor D. Fernando VII, y el teson con que se portaron los predecesores de V.E. en el mando de esta Capital y Provincia en casos los mas árduos y originales ¿no habria sido faltar á las leyes de la gratitud el no dedicar á V.E. un escrito que los recuerda? Lexos de mi semejante proceder especialmente recayendo en la persona de V.E. que cuenta tantos años de méritos como yo de vida. Aquí pudiera estenderme publicando los distinguidos servicios que V.E. tiene hechos en su carrera militar y política, pero me abstengo de ello para no 1 ofender la moderacion de V.E., permitiéndome solo diga que el amor que V.E. supo atraerse en el tiempo que mandó en el Reyno de Galicia, le goza igualmente entre los habitantes de este Principado. Tampoco se me ocultan los disgustos que V.E. sufrió en aquel mando, y la ninguna consideracion con que fue tratado por las Cortes hasta suspenderle de su empleo. Pero el Decreto de 4 de Mayo dado por nuestro augusto Rey el Sr. D. Fernando VII, dexó á V.E. en libertad, y siendo esto solo poco para las vexaciones y disgustos que V.E. habia pasado en la última época de nuestra gloriosa revolucion, y por los distinguidos servicios con que coronó la primera, dignóse premiar á V.E. uno y otro con el nombramiento de Capitan General de este Principado. Gracias pues Excelentísimo Señor al Dios de los Exércitos, Supremo Provisor del universo por los favores que ha dispensado á nuestra Patria, y á V.E., y á los dos cabalmente quando en lo mas desecho de la borrasca parecia mas lexano el remedio. Gracias repito al Dios de las batallas; ni cesemos de dia y noche de alabarle, y ya que este Diario es un testimonio perenne de la misma bondad que con larga mano ha favorecido á Barcelona cautiva, dígnese V.E. leerlo en los ratos que se lo permitan las importantísimas tareas de su ministerio. Hágalo por la materia, ya que no por el estilo, pues que de este diré por conclusion de la presente Dedicatoria, lo que V.E. al concluir el prefacio de la representacion que dirigió el Supremo Tribunal de Justicia (I), á conseqüencia de la suspension que decretaron á V.E. las Cortes por infractor de la llamada Constitucion, y en la que pedia se le hiciesen los cargos á que hubiese lugar: El estilo de que uso, es el estilo de la verdad que me es familiar; y á la simple lectura de este papel creo que suceda el convencimiento del que con buena fe quisiere saber como se ha portado V.E. en el gobierno superior de Galicia, y yo añado, como se ha portado Barcelona durante su cautiverio. Barcelona 13 de Febrero de 1815, funebre cumpleaños de aquel. Exc.mo Señor.

Asturias declara la guerra a Francia






La Nueva España, 25-05-2010


Asturias declara la guerra a Francia

Hoy se cumplen 202 años de la respuesta de la Junta General del Principado a la penetración en España del ejército de Murat

25.05.2010 | 02:00

Asturias declara la guerra a Francia

Se cumplen 202 años de la declaración de guerra por parte de la Junta General del Principado

Hoy, 25 de mayo de 2010, es el aniversario de la declaración de guerra de la Junta General del Principado de Asturias a Francia como respuesta a la penetración en España del ejército de Murat y a los hechos del 2 de mayo en Madrid, que en Oviedo se conocieron una semana más tarde. Precisamente en esos días la Junta estaba reunida y se trató en su seno de los sucesos de Madrid, con la consecuencia de que este órgano se constituyó en una especie de asamblea ciudadana dominada por miembros de la nobleza como los marqueses de Santa Cruz y Vistalegre, los condes de Toreno, Peñalba y Agüera, los eclesiásticos Llano Ponte y Pedro Inguanzo, el economista Flórez Estrada y varios catedráticos de la Universidad. Allí se cocinaron las bases de la resistencia a los franceses y se dispuso el primer reclutamiento de campesinos (pagados con cuatro reales diarios) por las aldeas próximas a Oviedo, que serían la «fuerza militar» en la que se apoyarían los sublevados para encarcelar al comandante militar -Crisóstomo La Llave- en la noche del 24 de mayo, asumir todo el poder político, militar y judicial de la provincia, convertir la Junta General en Junta Suprema de Gobierno de Asturias y declarar la guerra a Napoleón.


La declaración formal tuvo lugar en la mañana del 25, en la sala capitular de la Catedral, sede entonces de dicho órgano, y cada año se viene celebrando allí un acto solemne en recuerdo de tan atrevido acontecimiento. Este año, para mi sorpresa, me han encomendado decir unas palabras en el acto y lo haré gustoso, pues es grande mi interés por esta época, en la que se sitúa el punto de inflexión hacia la modernidad en la historia del mundo y de las ideas. En estas líneas esbozaré lo que voy a decir allí y sin duda empezaré por confesar que no soy dado a festejar hechos de guerra de ninguna clase, pues por muy gloriosos que puedan llegar a parecer en los relatos, siempre encierran una carga insoportable de sufrimiento humano y unas secuelas largas y dolorosas en los pueblos que los padecen. No conozco ninguna guerra que sea la excepción de lo que digo.


También diré allí que he intentado ponerme algunas veces en el lugar de un ciudadano de aquella época y he tenido serias dudas sobre qué posición habría adoptado: si la de aceptación de lo que venía de Francia -pues en principio el programa francés de reformas sociales y políticas no era tan malo- o la de exaltarme con el bramido de los dirigentes nacionalistas (principalmente eclesiásticos, nobles y burgueses) y tomar las armas. Francamente, dudo que me hubieran conmovido proclamas «covadonguistas» como la escrita por Flórez Estrada y circulada desde la Junta a los «asturianos leales»: «Han profanado nuestros templos, han insultado nuestra Religión, han atacado nuestras mujeres (?) Invoquemos al Dios de los Exércitos; pongamos por intercesora á nuestra Señora de las Batallas, cuya imágen se venera en el antiquísimo templo de Covadonga, y seguros de que no puede abandonarnos en causa tan justa, corramos á aniquilar...» etcétera.


Y tampoco me habría gustado saber que era falsa una supuesta carta de Fernando VII a los asturianos, redactada por los jefes de la Junta Suprema y hecha circular como auténtica a toda la provincia: «Nobles Asturianos. Estoy rodeado por todas partes; soy víctima de la perfidia; vosotros salvásteis la España en peores circunstancias, y hoy aprisionado no os pido la Corona, pero sí que vindiqueis, arreglando el Plan con las provincias inmediatas, vuestra libertad de no admitir un yugo extranjero, y sugeteis á este pérfido enemigo que despoja de sus derechos á vuestro desgraciado Principe Fernando. Bayona 8 de mayo de 1808». Una copia de tan espurio documento (que ilustra aquello de las manipulaciones políticas en toda época y situación) aún conserva las marcas de su exposición pública y se conserva en el archivo municipal de Ribadesella.


Creo que no me conmoverían las arengas de los líderes nacionalistas ni su tinglado de intereses más o menos visibles, pero tampoco me imagino aclamando a las tropas francesas, invasoras al fin y al cabo, aunque en aquellos primeros compases aún estaban casi intactas las expectativas de quienes veían en Bonaparte una posibilidad de regeneración de la administración española, desbaratada durante el reinado de Carlos IV. En el fondo, tan extranjera era la dinastía bonapartista como la Casa de Austria o la de Borbón, que habían reinado en España durante los tres últimos siglos. Si en aquel primer momento, cuando aún no se habían producido las mayores atrocidades de lo que acabó siendo una guerra larga y espantosa, me hubieran dejado elegir, creo que habría sido un indeciso, un observador, un entregado a la duda cuasi cartesiana. Y si más adelante, después de tres o cuatro años de guerra y hambruna, me hubieran vuelto a pedir opinión, creo que me habría identificado con lo que dijo Bernardo Taberna, el cura de Posada de Llanes, testigo de los abusos de los guerrilleros españoles entre la población campesina de las aldeas del oriente de Asturias, un territorio ocupado parcialmente por los destacamentos franceses, acuartelados en las villas: «¿Qué esperanza puede tener la provincia en defensores que la oprimen sin misericordia y de una manera que ni los mismos enemigos han dado ejemplos, al menos en esta jurisdicción? La conducta de nuestras tropas favorece la causa del enemigo. ¡Cuán grandes serían nuestros progresos si tal conducta fuese mejor!». Estas palabras tan sensatas y dolidas estaban dirigidas a la Junta Superior (que ya no era «Suprema», por orden de la Junta Central) en febrero de 1811, durante la ocupación de año y medio de parte de Asturias por las tropas de Bonet. Los hechos de armas en la comarca, a cargo de las fuerzas móviles de Porlier y Escandón, no fueron muy sonados, pero el sufrimiento de la población campesina, obligada a suministrar raciones tanto a los franceses como a los guerrilleros españoles, fue implacable. Los pocos miembros que integraban entonces la Junta Superior, que habían vivido momentos heroicos huyendo de la persecución de los franceses de aldea en aldea y de peña en peña por la zona de los Oscos, apenas podían controlar la situación militar del aislado Oriente, pero aun así acertaron a ordenar el arresto y la destitución de Federico Castañón, un jactancioso brigadier guerrillero que se significó por sus abusos entre la población campesina.


A los desmanes cometidos por los españoles hubo que sumar los crímenes y atropellos de los franceses, que a mitad de la guerra dejaron de recibir suministros de Francia y debieron sostenerse exclusivamente con lo que rapiñaran sobre el terreno, en un país empobrecido y saqueado por tres ejércitos -el español, el francés y el anglo-portugués, que entró en España procedente de Lisboa para empujar a los galos hacia los Pirineos-. Tampoco fueron unos angelitos los ingleses, que a pesar de ser aliados de los españoles dieron muestras de crueldad infinita contra la población hispana en episodios como la toma de Badajoz, la de San Sebastián o la de Valdemoro, según recogen las crónicas británicas transcritas por Charles Esdaile: «Todas las casas ofrecían un escenario de saqueo, libertinaje y efusión de sangre cometidos con desenfrenada crueldad por nuestra soldadesca. (?) No se mantuvo ni el menor rastro de disciplina. La soldadesca enfurecida más parecía una jauría de perros del averno vomitados por las regiones infernales para la eliminación de la humanidad que un ejército británico bien organizado, valeroso, disciplinado y obediente».


¿Qué postura tomar, cuando toda idea de progreso humano naufraga en el torbellino de la violencia? ¿Hay buenos y malos cuando todos los bandos se comportan de manera inhumana? A mí, imaginándome en aquella situación, se me acaban las ideas y me invade el sentimiento de piedad hacia la población rural, oprimida y esquilmada por unos y otros, por todos los que pretenden «salvarla» y traerle una paz en la que los vencedores la van a explotar sin contemplaciones. No me extraña la indiferencia ideológica de gran parte del pueblo, harto ya de guerra y miseria, y de nuevo recurro a una crónica británica en pleno avance de Wellington por tierras leonesas: «La gente, en manos unas veces de amigos y otras de enemigos, mostraba indiferencia hacia ambos. No podían tomar partido sin ponerse ellos mismos en peligro; en consecuencia preferían la seguridad personal a un despliegue de lealtad o patriotismo inoportuno. Creo que en el fondo de su corazón odiaban a los franceses, pero al mismo tiempo no sentían gran amor por nosotros».


Faltaría a la verdad si no dijera que en medio de aquellos horrores sucedió algo realmente positivo, algo con lo que sí habría podido identificarme. Me refiero, claro, a las Cortes de Cádiz, que entre 1810 y 1813, bajo las bombas de un ejército francés que nunca pudo tomar la ciudad, ensayaron el mayor intento regeneracionista de la historia de España, más ambicioso aún -por su novedad histórica- que el de la Segunda República. Aquellos diputados, herederos de las ideas de Jovellanos y elegidos en un país consumido por la violencia, se dedicaron a rediseñar el Estado bajo unas formas políticas alejadas de la tiranía, del absolutismo y del despotismo ilustrado, las únicas formas de gobierno que hasta la fecha había conocido el pueblo español. Temían una revolución populista al estilo francés, de terror y guillotina, y por ello pusieron toda su inteligencia en hacer una revolución pacífica que cambiara las bases políticas de la nación y otorgara unos derechos a los españoles a través de una Constitución, la primera en nuestra historia. Entre aquellos fogosos diputados asturianos hay que destacar la memoria del joven José María Queipo de Llano, séptimo conde de Toreno, y del riosellano Agustín Argüelles, portavoz parlamentario de los liberales y auténtico «héroe de la reforma constitucional». Y no quisiera olvidarme del llanisco Pedro Inguanzo, recién nombrado obispo entonces, que se enfrentó constantemente a los liberales y defendió con ardor el absolutismo político, la representación estamental y la conservación de los privilegios de la Iglesia, incluida la supervivencia de la Inquisición. En su descargo, hay que decir que defendió la libertad de imprenta, asociada al programa liberal.


Sin duda alguna, la estrella de aquellas Cortes y de todo ese momento histórico fue Agustín Argüelles, que traía de Londres un buen equipaje de ideas para inyectarlas en la clase política de la época. Aunque es imposible resumir aquí su ingente labor, podría decirse que tomó lo mejor del sistema político inglés (la solidez de instituciones como el Parlamento, la administración de justicia y la prensa) y lo mejor del sistema asambleario unicameral francés y de la Constitución gala, aunque disimulando cuidadosamente su origen para no dar armas a los conservadores y no mostrarse como un peligroso revolucionario. Ya he escrito en otro artículo que a Argüelles no le cuadra bien el apelativo de «divino» que sus rivales le endosaron, puesto que don Agustín fue un hombre terrenal, pragmático y combativo, un formidable estratega que utilizó la oratoria y la dialéctica como medio para introducir en la Constitución de 1812 unos derechos ciudadanos y unos principios políticos (la soberanía en la nación y no en la Corona, la división de poderes o la libertad de imprenta) que aún inspiran nuestra Carta Magna. Lástima que Fernando VII regresara a España en 1814 y arruinara toda esperanza con su vuelta a las tinieblas del absolutismo, la represión y la tiranía. Creo que con el rey José, mucho más sensato que su hermano Napoleón, a este país no le hubiera ido peor que con el hijo de Carlos IV.

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