Compañero viene de cum panis que significa que acompaña al pan, o el que comparte la comida.
No es igual compañero que cohabitante, o que comparte el lugar. Por ello que quien comparte el lugar de trabajo no es compañero sino cohabitante. Aquel que toma el café en la misma cafetería que oo haces tú no es tu compañero. De igual modo que aquel que comparte la TV contigo, "a uno y otro lado" no es tu compañero ni tampoco cohabitante real sino aparente. Tampoco don Alonso Quijano es tu compañero; él entendía que sí tras haberle leído tantas veces él consideró que sí, por lo que Don Miguel dijo de él que estaba loco.
Es más frecuente de lo que se puede creer que una mujer cohabitante con un hombre te considere su esposo; está loca.
Esta condición es uno de los motivos de maltrato.
Esta concepción es derivada de una lectura del texto no interpretativa sino de trasposición de soporte del texto escrito.
Según el informe PISA, este es un problema de una educación mal entendida.
La educación es el identificar el garabato. La educación es la interpretación del garabato.
Recuerdo que mi paso por la "academia de conductores" supuso interpretar las señales y normativas; terminamos como compañeros y no como coincidentes.
Recordando a mis fisioterapeutas me decían que hablaba mucho. Sus mandatos no quería que fuesen órdenes un "sargento chusquero" sino disposiciones de un general a su cuerpo de ejército. Si el primero es una técnica, ellos son terapeutas, o conjunto de técnicas que secuenciadas en el tiempo tienen un fin controlador o regulador.
Queridos fisioterapéutas, sóis generales y no suboficiales. Tenéis a cargo vuestro un "cuerpo de ejército" no tenéis a vuestro cargo unidades ejecutoras. Sois estrategas.
Bueno, ya me salí de la batalla para irme a la guerra.
El cirujano no es suboficial sino general.
Yo ejercí unos cuantos años como neurocirujano, nunca lo hice como cirujano neurológico.
El empresario lo es, si tiene aptitud, de general y no de suboficial.
He trabajado más años como analista de sistemas que colo médico. El analista otea la batalla y no se expone.
Lo dicho, me voy a dormir, a restablecer el equilibrio perdido de mi estado de ánimo. Es tiempo de reposo y no de acción; tengo que descansar mi estado de ánimo para mañana aprovechar con eficiencia mis aptitudes con el fin de obtener la eficacia de la bondad máxima.
Querido doctor:
ResponderEliminarNo estoy de acuerdo con tus fisioterapeutas. El trato afectuoso y campechano que dispensabas a tus pacientes era una parte importante de la terapia. Conocí, por diversas circunstancias, a unos cuantos pacientes tuyos. Te aseguro que sentían un cariño enorme hacia ti, al igual que yo, que también pasé por tu consulta. Ayudaste a mucha gente, no sólo con tus aptitudes profesionales, sino a nivel personal. La humanidad, la empatía y un peculiar sentido del humor son sólo algunas de tus muchas virtudes, y contribuyeron a mejorar la eficacia terapéutica. Y todo ello, en gran parte, se transmite a través del lenguaje oral. Un doctor parco en palabras difícilmente inspirará la necesaria confianza para que sus pacientes le expongan sus problemas, sus preocupaciones, sus temores, ocultándole información probablemente valiosa para su recuperación.
Así que no, no puedo estar de acuerdo con tus fisioterapeutas.
Espero que tu estado de ánimo se restablezca pronto.
Un afectuoso saludo.
I.P.